20 Dic
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El Arco Iris tras la tormenta. Soy Bipolar

Ella era una preciosa mujer de Argentina, sobresaliente en sus estudios, deportista y amante del teatro, y su historia navegaría entre las orillas de la tormenta y el más brillante de los arco iris. A sus 20 años y tras unos episodios depresivos, una medicina inexperta le puso a lo que le sucedía la etiqueta de “esquizofrenia”. Es cierto que su realidad era muy distinta a la de los demás; sin embargo, “su mejor amigo” como ella lo llama, nada tenía que ver con esquizofrenia sino con bipolaridad.

Quise que me presentara a ese “su mejor amigo” y así lo describió: La bipolaridad es un desequilibrio en la parte frontal de nuestro cerebro que afecta el estado de ánimo con episodios maniacos depresivos, el apetito, el sueño y la inhibición sexual.

Al principio me resultó un amigo un poco extraño. Sin embargo, Susana dice que es quien le acompaña en los malos y buenos momentos de su vida. Visto así, tendría mucho sentido. Me cuenta mientras paseamos por el jardín de su casa, que imagina la bipolaridad vestida de amarillo y azul, un amarillo cálido lleno de fuerza y un azul tormentoso, pero que juntos conforman ese verde esperanza que ondea su bandera.

Susana confiesa cómo incluso tuvo una tentativa de suicidio cuando mal diagnosticada y medicada llegó a engordar más de 25 kg. A su mente llegaron nubes negras que descargaron ideas como: Soy una carga para el mundo, a nadie le importo, debería desaparecer. Afortunadamente, como ella relata, ningún bipolar quiere morir, únicamente desea que el dolor desaparezca.

Cuando Susana tenía 20 años recibió una beca del gobierno para estudiar en Estados Unidos; no obstante, algo que pudo haber sido una experiencia maravillosa pasó a ser una oportunidad perdida debido a su condición como bipolar. Ella recuerda esta anécdota:

“Preparándome para visitar la escuela, mientras tomaba una ducha, sentí algo sin imagen ni voz, como una fuerza interna, que me pedía que pasase un mensaje de paz al mundo: -Qué mejor oportunidad, estando a solo dos calles de la Casa Blanca- me dije a misma. Visitaría esa misma tarde al presidente de los Estados Unidos para pedirle que pasara mi mensaje de paz al mundo entero. Durante el receso, les conté a las maestras mi plan para esa tarde, incluyendo que todos los medios de comunicación asistirían a cubrir este evento de magnitud mundial.

Años más tarde descubrí que también llamé a un amigo en la universidad para que pusiera la televisión donde me vería reunida con el presidente. Mi profesora fue informada de mis extrañas ideas e inmediatamente fui trasladada a la guardia de un hospital.”

Fue necesario superar los 40 años hasta que finalmente la medicina reconoció su condición como bipolar. Los tan temidos ECT (Electric Shock Therapy) le salvaron la vida. El sexto ECT la hizo saltar al otro lado (manía) y por fin los médicos pudieron medicarla correctamente.

En este largo navegar entre las orillas de la tormenta y el arco iris, más cosas sucedieron que marcaron la vida de Susana. Se casó y fue madre de dos hijos de los que reconoce, son uno de sus grandes logros.

Los niños la hacen reír y es por ese motivo que durante 15 años trabajó apasionadamente dirigiendo dos jardines de infantes, algo que nunca pensó que podría hacer y sin embargo fue un sueño hecho realidad.

Con tan sólo 21 años su hermano perdió la vida en un accidente de tráfico y tiempo después su hermana enfermó de cáncer. A su hermana la quimioterapia le afectó anímicamente hasta llegar a una depresión profunda, y un día después de su llegada a Buenos Aires para visitarla, se quitó la vida. Susana siempre soñó con tener una gran familia pero ahora ya no contaba con ningún hermano que la acompañara en su viaje.

A finales del 2014 fue diagnosticada de cáncer de mama y tras recibir tratamiento un mes más tarde le siguió una operación preventiva para extirpar ovarios y trompas. Cómo un junco, de nuevo se dobló para volver a tomar más fuerza.

Cada golpe no ha sido suficiente para mermar su sonrisa y su ilusión y la han hecho más fuerte, más sabía y más solidaria. Junto a su esposo, y dos participantes del grupo de apoyo, creó “Bipolar Australia”, una entidad sin fines de lucro, que tiene por objetivo hacer campañas para dar a conocer la bipolaridad.

De sus padres recuerda las frases que tanto le han ayudado en su caminar. De una madre rota por la muerte de dos de sus hijos “La vida es Linda”, y de su padre “Susana, somos ciudadanos del mundo, debes buscar un lugar donde te sientas libre y puedas prosperar en la vida”. Esta última le animó a emigrar a un país como Australia hace ya algunos años.

Dice ser alguien que entrega sin esperar nada a cambio, y eso le da felicidad y la hace sentirse única y especial. Y aunque hace mucho tiempo dejó de pensar en el futuro, se imagina envejeciendo con su esposo, viajando por el mundo y disfrutando de una gran familia, mientras ayuda con su labor a que las personas sufran menos en el mundo.

Hoy cuando se mira en el espejo reconoce a una mujer linda que piensa que la vida es maravillosa y hasta se atrevió a cantarnos una de las canciones que podrían conformar la banda sonora de su vida, mientras su esposo le acompaña al piano “Just the way you are”.

Durante todo este tiempo Susana ha crecido mucho personalmente y ha aprendido a ser más flexible, más paciente y sobre todo a practicar la resiliencia, que no es otra cosa que la capacidad que tenemos como seres humanos para recuperarnos frente a la adversidad y seguir proyectándonos en el futuro.

Esa misma actitud, cualidad o competencia para enfrentar problemas y circunstancias difíciles, nos ayuda a entender la vida de una forma más sana y positiva.

En ocasiones las circunstancias difíciles o traumas permiten desarrollar recursos que se encontraban latentes y que la propia persona desconocía hasta el momento. Aquellas personas con una buena inteligencia emocional son también más resilientes, dado que su capacidad para gestionar emociones les hace menos vulnerables, aumentando la capacidad de recuperación, saliendo fortalecidas y transformadas en cada una de sus experiencias. Digamos que utilizan las piedras del camino para construir su fortaleza.

¡Susana, tú me inspiras!

Pilar López Cárdenas

El artista de Venezuela, Miguel González creó la obra pictórica “Sombras Rotas” inspirada en la vida de Susana Bluwol.

En palabras de Miguel González:
Viene de mi reinterpretación después de haber conocido a Susana, una mujer increíblemente fuerte, con un gran conciencia acerca de su condición. Las sombras son la proyección de nosotros mismos, pero también son vistos como elementos del pasado tratando de ponerse al día con el presente.

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